La apertura del Teleférico de Santo Domingo es todo un acontecimiento. Sin duda, se marca una nueva etapa en el transporte masivo de pasajeros. Esta obra se suma al ya exitoso sistema de Metro, que ha logrado superar todas las pruebas en materia de eficiencia, seguridad y economía que prometieron sus promotores y constructores.

El proyecto surge del componente de movilidad de la Unidad para la Readecuación de la Barquita y Entornos (URBE) con la finalidad de conectar los municipios Santo Domingo Norte y Santo Domingo Este con el Distrito Nacional (Interconexión de tarifa integrada con el Metro de Santo Domingo) debido a la deficiencia del transporte. Cerca de 287,000 habitantes tienen accesos distribuidos en 132,773 en Gualey, 57,510 en Los Tres Brazos y 97,149 en Sabana Perdida.

El sistema cuenta con cuatro estaciones: Gualey, Los Tres Brazos, Sabana Perdida y Charles de Gaulle. Conecta a tres municipios y 17 sectores. Y hay más: 30% de reducción del presupuesto y tiempo de recorrido en transporte público, 36 pilonas o torres de soporte del cable portante-tractor, 195 cabinas con capacidad para 10 personas sentadas, 10 espacios públicos, un espacio sociocultural, 6,000 personas transportadas por hora, es decir, cerca de 100,000 en 16 horas de servicio, y cinco kilómetros de recorrido. Es, además, uno de los sistemas por cable de transporte masivo más largos de América Latina y uno de los más modernos en la actualidad.

Cuando el presidente Danilo Medina inauguró la obra, en la que se destacó la cantidad de personas que diariamente utilizarían este servicio de transporte, además del impacto que tendrá en el medio ambiente porque es prácticamente cero emisión, hubo un elemento que quizá habrá que tomar en cuenta. Los techos de las casas con vista desde cualquiera de las cabinas, ahora tienen un potencial económico que habrá de traducirse en ingresos para sus propietarios.

El Teleférico ha agregado valor a los techos de su zona de influencia

Todo el que se monte en el Teleférico de Santo Domingo irá mirando hacia abajo, hacia los techos de las viviendas durante el recorrido de cinco kilómetros. ¿Cuánto costará el metro cuadrado para publicidad dirigida a los miles y miles de personas que diariamente transitarán por esta zona? Es muy probable que los techos tengan ahora utilidad adicional a la de cubrir de la lluvia y el sol. Ahora son espacios aprovechables para la publicidad.

Esto significa que, quizá sin proponérselo, el Gobierno ha resuelto más de un problema: agilizar el traslado de personas hacia sus centros de trabajo y estudios, reducir la contaminación, aumentar la seguridad ciudadana y darle la posibilidad de ingresos extras a los habitantes de esta zona. A esto habrá que sumarle el ahorro que significa pagar sólo un pasaje en un trayecto que implica muchísimo sacrificio para las familias.

Sólo en el primer año las autoridades estiman que habrá 16,553 viajes por día. Esta información, por supuesto, es útil para las empresas que colocan publicidad exterior dirigida al tipo de público que utilizará este transporte. Desde ya se pueden imaginar a los agentes de las publicitarias y empresas particulares estableciendo ruedas de negocios con los propietarios de viviendas de esas zonas, quienes ahora pasarán a ser contratados para vender publicidad en sus techos.

Otra ventaja que tiene este sistema de transporte es la velocidad a la que se mueve. Ni tan rápido que los usuarios no puedan ver un anuncio, pero tampoco tan lento que se produzca un retraso en el trayecto. De todos modos, cualquier velocidad será superior al caos y la inseguridad que significa abordar cualquiera de los destartalados vehículos del transporte público.

Sin embargo, esta idea también podrá ser replicada en los vehículos que ofrecen el servicio en tierra, aunque para ello será necesario exigirles un mínimo de condiciones físicas. Además, como reto, los transportistas habrán de entender que si el Estado ha tenido que impulsar estos sistemas de transporte masivo se debe, fundamentalmente, a que los sindicatos no han sido capaces de garantizar un servicio eficiente, seguro y económico.

Aplaudimos soluciones colectivas de transporte como las que recién inauguró el Gobierno. Ojalá se extiendan rápidamente hacia otras zonas, como es el caso de Los Alcarrizos y Herrera, dos zonas extremadamente pobladas que también padecen las penurias de un transporte público malo, caro e inseguro.

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