Naomi Osaka tenía apenas dos años cuando Serena Williams ganó por primera vez el Abierto de Estados Unidos, en 1999. Al año siguiente se mudó a Nueva York, con su padre haitiano y su madre japonesa.

Difícilmente haya podido imaginar Osaka que años después, en esa misma ciudad y ante quien fue su referente de pequeña, quedaría en la historia al convertirse en la primera representante nipona en consagrarse en un torneo de Grand Slam.

Quizá por eso, por saber que acababa de ganarle a una de las mejores tenistas de la historia y en su casa, la joven de tez negra y pelo rizado se tapó la cara con las palmas de sus manos y comenzó a llorar.

Naomi Osaka de origen haitiano que sorprendió al mundo del tenis derrotando a Serena Williams

No fue un festejo alocado. Saludó a quien fue inspiración, apenas levantó los brazos y se sentó en la silla y siguió llorando.

“Aunque crecí en una casa haitiana, mi madre es japonesa, así que también me crié en la cultura japonesa. Pero supongo que como he vivido en América, también tengo esa parte”, contestó Osaka cuando tiempo atrás le preguntaron por sus orígenes.

Nació en Osaka, el 19 de octubre de 1997. En 2000, su Leonard Francois y su madre Tamaki Osaka decidieron mudarse a Estados Unidos y fue Nueva York la ciudad elegida. Casi una ironía del destino. Dieciocho años después, Naomi se consagra en el emblemático Arthur Ashe, ante su jugadora preferida.

Casi incrédula al recibir el trofeo en el estadio más imponente del tenis, Osaka parece haber este sábado el primer paso para convertirse en una nueva estrella del tenis. Será, desde ahora, una de las grandes referentes del deporte en su país, junto a Kei Nishikori, otro muy buen tenista nipón que logró meterse entre los mejores del mundo.

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