Sobrevivió corrientazo de 69,000 voltios

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Sobrevivió a 69 mil voltios. Cuando sus amigos lograron acercarse aún botaba fuego de su pierna izquierda, de  su brazo derecho, de los dedos del pie derecho y de parte de su pecho.

Con pronóstico reservado, permaneció por 31 días en  sala de Cuidados Intensivos de la Unidad de Quemados ubicada en ese entonces en la Ciudad Sanitaria Luis Eduardo Aybar;  fue sometido a 14 cirugías, requirió unas 20 unidades de sangre y  permaneció tres meses en cama en una misma posición, sin poder moverse.

 Perdió su pierna izquierda (usa prótesis), los dedos de su pie derecho y con el tiempo logró recuperar la movilidad del brazo izquierdo, pese a que se lo iban amputar o se suponía que perdería el 40% de su función. Sufrió quemaduras de tercer y cuarto grado y vio morir por lo menos  a cinco pacientes a su alrededor que llegaron a la Unidad de Quemados en mejores condiciones que él.

Su historia
La historia es contada a Listín Diario casi nueve años después por su propio protagonista, César Torres, de 37 años,  quien recuerda como si fuera hoy ese accidente ocurrido cerca del mediodía del 12 de julio del 2010,  justo el día del cumpleaños de su madre, mientras  realizaba trabajos de inventario de equipos  en la subestación Canabacoa en Santiago, para la empresa de Transmisión Eléctrica Dominicana (ETED) donde trabajaba de contratista.

Hoy director Técnico de la  emisora Sur FM, de San Cristóbal, César mira atrás y recuerda su experiencia. Dice que mientras estaba en cuidados intensivos, donde ni los médicos creían que sobreviviría, en su mente ocurrían muchos pensamientos, sobre todo cosas que había dejado de hacer, pensaba qué pasaría si tuviera hijos (aún no tiene); habré ofendido alguna vez a mi madre o a alguien, cómo se sostendrán mi mamá y mi hermana, entre otras preguntas, y optó por pedir perdón a quienes lo visitaban, como forma de hacer arreglos para si tenía que irse hacerlo en paz. “Es un pedir perdón que sale natural, es como esa oportunidad que te dan para hacer arreglos en tu vida”.

Con el dinero que recibió de la empresa donde trabajaba hizo arreglos a la casa de su madre, y logró sostenerse hasta su inserción laboral.  

Lo más dificil
Dice que el momento más duro fue cuando le informaron que le cortarían la pierna, pensaba que sería una carga para una familia sin recursos como la suya, donde vive con su madre y su hermana, sin la presencia  paterna. “En intensivo veía a mi madre cada vez más flaca y triste, porque los resultados no eran muy buenos, y eso me dolía”.

Tras el alta, tenía pronóstico de durar dos años en recuperación atendiéndose en la Unidad de Quemados, pero le dieron el alta a los seis meses. Cuando le pusieron la prótesis de la pierna el médico le dijo que tenía que aprender a adaptarse a ella, pero él le respondió que lo extraño en su cuerpo era la prótesis, así que ella tendría que adaptarse a él. Sus amigos le visitaban y salían alegres al verlo con tan buen ánimo.

Una vida feliz
A los siete meses empezó a andar ayudado de muletas, y a los dos años fue a la emisora  Sur FM a predicar, ya que desde antes del accidente era cristiano, donde se quedó trabajando  y escalando diferentes posiciones, incluyendo la de productor de programas y narrador deportivo.

Retomó los estudios en el 2015,  estudia contabilidad en la Universidad del Caribe, donde le faltan dos materias para graduarse,  da charlas, dirige diferentes entidades. No se ha casado, pero está en sus planes… su sonrisa al contar los hechos evidencia que César es una persona feliz y realizado.

Pocas camas
El país cuenta con 39 camas para pacientes quemados, 11 en la de  Adultos Pearl F. Ort ubicada en el hospital traumatológico Ney Arias Lora;  14 en la Unidad de Niños Quemados Dra. Thelma Rosario del hospital Infantil Arturo Grullón, Santiago, y 14 en dos salas habilitadas para ese tipo de pacientes con que cuenta el Hospital Infantil Robert Reid Cabral, cuya unidad se encuentra en construcción.

En la Unidad Pearl F. Ort las 11 camas son insuficientes, ya que a pesar de ser un servicio de alta complejidad, allí le llegan todos los casos de quemaduras, inclusive los más simples, sin importar en el lugar del país donde ocurran.  El presupuesto del centro también es limitado, ya que la subvención estatal es de tres millones mensuales, pero de esos 1.2 van destinados a la asignación de compra de medicamentos a Promese.

Para la dirección de la unidad es una la frustración de ver cada día en aumento esa problemática sin que se invierta en educar a la población para la prevención. En la subsistencia económica le ayuda el Seguro Nacional de Salud (Senasa) con la cobertura que da a sus afiliados, pero tiene el inconveniente, de acuerdo al director del centro, de que el 30% de los pacientes que  les llegan son haitianos y  hay que cubrirle todo.

La quemadura
Crea trauma emocional y  familiar en lo económico, porque es un proceso largo y costoso. Luego de salir de la unidad ese paciente pasa a la fase de cirugías reconstructiva y de rehabilitación. Es un paciente que pasa dos o tres años visitando la unidad incurriendo en gastos.

CRONO
Temprano

 Esa mañana César se levantó como siempre con entusiasmo para irse a trabajar,.

Atrapado

  Quedó atrapado en un arco de corriente de 69 mil voltios, suficientes para darle electricidad al pueblo de San Cristóbal, donde vive

Dolor intenso

“Cuando desperté sentía un dolor intenso en todo mi cuerpo, es algo inexplicable, al mismo tiempo el propio dolor te anestesia” .

Salió por el tobillo

 La corriente salió por  un  tobillo,  al cesar la descarga, sus compañeros terminaron de apagarlo.

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